Teaching schedule/Horario clases
Tuesday
7:30 pm Power Yoga
(3301 NE 1st AV)
Hope to see you all there/Espero verlos a todos.
Saturday, July 30, 2011
Wednesday, July 27, 2011
Wednesday, July 20, 2011
Entrevista a Eckhart Tolle
¿Es posible acallar la pesada voz que habla sin parar desde nuestra cabeza? ¿Quién es esa voz? ¿Es posible ir más allá del pensamiento? Estas preguntas acecharon a Eckhart Tolle durante un tiempo. El ruido de su mente fue en aumento hasta que en medio de la angustia y la ansiedad su mente colapsó. La voz mental se calló y sus pensamientos dejaron de hacerle sufrir.
Los espacios de silencio entre pensamientos aumentaron y la paz y la quietud se instalaron en su vida. De repente, como un fogonazo, alcanzó el estado que los monjes zen persiguen durante décadas en los monasterios y muy pocos alcanzan. A raíz de esta experiencia abandonó su puesto de investigador en la Universidad de Cambridge y se dedicó a dar seminarios por el mundo, hablando de la importancia de hacernos dueños de nuestros pensamientos, que nos han poseído, y de vivir el momento presente, porque es lo único que existe.
En persona transmite autenticidad y sus charlas son un viaje hasta el momento presente, ese lugar que se aloja entre dos pensamientos. Sus libros, El poder del Ahora y Un mundo nuevo, ahora, resumen las enseñanzas de este maestro espiritual contemporáneo. Nos encontramos con Tolle en Barcelona y esta fue la conversación que mantuvimos. Has hecho una descripción muy acertada del ego.
-¿Cómo alcanzaste tal claridad?
Todo empezó una noche cuando experimenté una especie de transformación de la conciencia. Al día siguiente me encontré de repente en un estado de paz interior que después ya nunca me ha dejado. Desde entonces siempre he tenido en el fondo un estado de paz. Antes había vivido en estados de depresión y de ansiedad, y cuando me pasó aquella transformación, no lo entendía, no tenía ni idea de lo que me había pasado, solo sabía que yo estaba en estado de paz. Tardé algunos años en comprender gradualmente lo que me había sucedido. Empecé a leer libros espirituales, textos antiguos y algunos textos nuevos, estaba buscando comparar lo que me había pasado a mí con lo que decían estos libros. Una cosa extraña me pasaba cada vez que abría un libro espiritual hindú o cristiano, inmediatamente entendía la esencia. Los textos y conversaciones con los maestros espirituales, monjes budistas, yoguis… me explicaron lo que me había pasado. Dos años después de la transformación estaba en un monasterio hablando con un monje budista zen y me dijo que lo esencial del zen consiste en ir más allá del pensamiento.
Entonces me di cuenta de que eso me había pasado a mi porque después de aquella noche, mis procesos mentales se habían reducido aproximadamente un 80% de lo que habían sido antes. Había muchos espacios sin pensamientos en mi mente, no inconscientes sino muy conscientes, pero sin proceso mental. El estado de paz ya había estado allí siempre pero estaba cubierto con el ruido mental continuo y gradualmente empecé a entender cual es la esencia de la transformación espiritual. Todos los maestros hablan de la misma cosa; utilizan palabras diferentes pero en el fondo todos apuntan hacía el mismo estado. Después lo reconocí también en los evangelios de Jesús en algunas cosas que él dijo. Yo sabía que detrás de aquellas palabras había alguien que lo sabía también.
-Cómo surgió el libro ‘El poder del ahora’?
Después de la transformación, gente que yo encontraba en la calle o por casualidad empezaron a hacerme preguntas. Muchas veces yo no sabía la respuesta hasta que la escuchaba saliendo de mi boca. Eso fue el principio de esta enseñanza espiritual que se desarrolló de un modo muy informal. Dos o tres años después alguien me llamó “maestro espiritual”. Quedé muy sorprendido. A veces me apuntaba las cosas que yo había, para acordarme porque yo hasta entonces no sabía que lo sabia, y utilicé esas notas unos años más tarde cuando escribí el libro. Tuviste una experiencia de despertar espiritual muy fuerte. ¿Crees que a todo el mundo le tiene que ocurrir así o se puede hacer de otra forma? Un cambio tan radical pasa a muy pocas personas. Para casi todos, es un cambio gradual o es un proceso que no se parece a lo que me pasó a mí. No sé porqué me pasó a mí pero así es. Para casi todos los que encuentro, se pasa por una transformación gradual.
Cuando te preguntas: “¿Por qué me ha pasado a mí?, tienes alguna intuición de la respuesta?
Yo sé que el sufrimiento ha sido una parte muy importante de mi despertar. Sin el sufrimiento emocional y mental, esa transformación no hubiera ocurrido. Eso fue fundamental. Pero nunca me hago la pregunta de porqué me ha pasado a mí. Lo veo de otro modo, no es que algo me haya pasado a mí sino que mi ‘yo’ se ha hecho casi transparente, entonces algo que ha estado siempre más allá del ‘yo’, un poder mucho más grande, empezó a surgir. Ahora que vendes millones de libros y das conferencias ante grandes audiencias supongo que mucha gente te idealizará .
-¿Cómo llevas eso?
Son proyecciones porque ellos piensan que yo soy especial. Pero todo el poder de la enseñanza espiritual viene a través de esta forma que soy por la simple razón de que yo sé que yo no soy nadie especial. Mucha gente identifica el poder del espíritu que viene a través de la forma con la forma, y es muy importante no aceptar esas proyecciones. Yo soy muy consciente de esas proyecciones y no las acepto, pienso que son ilusiones. En el momento que yo piense que yo soy muy especial, me identificaría otra vez con un pensamiento condicionado. Yo sé que les ha pasado a algunos maestros espirituales, el peligro es mayor si vives en un ‘ashram’ rodeado de discípulos y nunca tienes contacto con otras personas. Después de algunos años empiezas a creer que eres lo que ellos creen que eres, lo he visto en algunas personas, y vuelve el ego. Hablas de ir más allá del pensamiento.
-Para personas que estamos acostumbrados a estar casi siempre identificados con el pensamiento, ¿cómo podemos imaginar ese otro escenario que propones?
No hace falta imaginarlo; casi todos son capaces de experimentar aunque sea por un momento muy pequeño lo que significa estar sin pensamiento y al mismo tiempo ser plenamente consciente. La mayoría de la gente no se da cuenta de que incluso en un día normal, siempre hay intervalos muy pequeños entre dos pensamientos en algunos momentos. Las personas que no tienen esos intervalos están muy enfermas psicológicamente, pero si todavía en tu vida existe de vez en cuando la alegría del ser o el amor, la comprensión o la belleza, si respondes interiormente a algo que es bello, eso significa que hay esos intervalos porque es allí dónde surgen. Los pensamientos no pueden reconocer lo profundo que es algo bello. El amor o la compasión no vienen a través de los pensamientos, vienen de una dimensión más profunda, y la gente que no tiene acceso a esa dimensión nunca experimenta la belleza, amor, compasión o una alegría más profunda del ser. En esta civilización loca (risas), hay personas que en su vida ya no tienen esa experiencia del amor, de la belleza, de una paz interior de vez en cuando, les falta todo eso y en aquellas personas el ruido mental sigue, sin interrupciones.
-¿Cuál es el primer paso para acallar la mente?
Tomar conciencia de que esos espacios existen en un día normal. Estás mirando a un árbol o al cielo, a las nubes, y es un momento en el que no hay ningún pensamiento. Solamente la percepción y la conciencia a través de la cual la percepción sucede. Un espacio. El primer paso consiste en darse cuenta de que, sin hacer nada, algunos espacios existen en mi vida. Después se pueden buscar esos espacios activamente. Yo recomiendo hacer cosas que uno hace normalmente como lavarse las manos, tomar un café, ir de aquí a allí, entrar en la escalera, subirse al ascensor… tomando conciencia de acto y del momento, sin hacer de ello un medio para un fin sino un fin en sí mismo. Lavarse las manos sintiendo el agua, el jabón, secarse las manos… Solamente la percepción y la conciencia.
Otra cosa que también recomiendo es cuando entras en tu coche, cierras la puerta y te quedas unos treinta segundos sin hacer nada, sentir el cuerpo, la vida dentro del cuerpo. No es mucho, 30 segundos, pero muchos de estos momentos en un día inician un cambio. Esos pequeños momentos en los que no pensamos sino que estamos conscientes sin pensar. Es más importante tener muchos momentos pequeños durante el día que estar en una meditación de media hora cada día y luego pasarse el día sin tener espacios. Entonces empieza un cambio, surge la conciencia no condicionada, la conciencia pura. Lo demás, los pensamientos, son una forma de conciencia condicionada por el pasado. Casi toda la gente está atrapada en un sentido del ‘yo’ que depende de los pensamientos condicionados y una imagen mental que tiene de “quién soy”, o sea una identidad que depende de los pensamientos. Eso significa moverse por la superficie de la vida sin nunca ir más profundamente. Una vida de ese modo se hace muy insatisfactoria, siempre hay sufrimiento. Si tu vida se desarrolla solamente en la superficie del ser, que es cuando te identificas siempre con los pensamientos, entonces le falta la profundidad y sufres. Si no soy los pensamientos ¿Quién soy yo? No eres los pensamientos, eres el espacio desde el cual surgen los pensamientos.
- ¿Y qué es ese espacio?
Es la conciencia misma. La conciencia que no tiene forma. Todo lo demás en la vida tiene forma. En esencia somos esa conciencia sin forma que está detrás de los pensamientos. Pero para experimentarlo es necesaria una experiencia de quietud interior. Si yo tengo solamente un momento en el día de quietud alerta que me da un sabor de lo que es, ya entiendo lo que es la conciencia no condicionada, más allá del pensamiento. Una persona que no tiene ese momento, ni siquiera un momento, no puede entender nunca de qué estamos hablando ahora. No lo entendería. En el mundo espiritual, hay una corriente que tiende a utilizar canalizaciones, maestros, guías, etc…
-Sin embargo, tus enseñanzas son muy sencillas, muy prácticas. ¿Qué diferencia hay entre estas dos vías de conocimiento?
Como lo veo yo, esta enseñanza va a la fuente. Hay otras enseñanzas que van a un nivel intermedio que todavía tiene una forma. Hay muchos niveles y cada enseñanza tiene su lugar y la gente será atraída a la enseñanza que corresponde a su interior. Esta enseñanza no tiene nada que ver con la forma, va a la misma fuente del ser, y por eso es la más simple. Todas las intermedias son más complicadas y cuanto más cerca de la superficie, más complicadas, cuánto más profundas, más sencillas.
-¿Has llegado a alguna conclusión de lo que hay después de la muerte?
De algún modo, casi puedo decir que he muerto ya porque si no estás identificado con la forma, lo que queda es lo eterno que no tiene forma. Entrar en eso conscientemente es encontrar la muerte antes de que la muerte te encuentre a ti (risas) y si entras ya en la dimensión que no tiene forma y has entrado en la muerte, te das cuenta de que lo que llamamos muerte en realidad es la vida, es la vida sin forma. La muerte es solamente la disolución de la forma y queda la vida, o lo que Jesús llama “vida eterna”. Por eso la muerte, incluso la muerte que sucede cerca de ti cuando se muere alguien, es siempre una posibilidad de realización espiritual. Detrás de cada muerte se esconde la gracia.
-Entonces, ¿para qué estamos aquí?
Estamos aquí para que la conciencia pueda florecer a través de esta forma y entrar en el mundo de las formas para transformarlo. El propósito de la vida, en lo profundo, es ser como una puerta para la dimensión sin forma, que entonces entra en el mundo de las formas y convierte el mundo en algo que ya no es hostil. En el libro “Un mundo nuevo ahora”, estableces una relación entre lo que está sucediendo en el mundo a nivel de catástrofes climáticas, etc., con el estado de conciencia de los seres humanos.
-¿Podrías desarrollar un poco esa idea?
Lo que uno experimenta como la vida exterior, las situaciones que uno encuentra, las cosas que pasan, las relaciones que tiene, es decir, el modo en que la persona experimenta la vida, es siempre un reflejo de su conciencia, de su estado interior, del estado de la mente. Si una persona, por ejemplo, siempre está rodeada de personas violentas, en cada situación encuentra violencia, significa que hay algo dentro que es una fuerza violenta, agresiva. Son inconscientes de esta situación, y una persona completamente inconsciente experimenta su propio estado como cosas que le pasan desde el mundo exterior. Si una persona así se hace conciente, de repente sería capaz de ver que dentro suyo existe violencia emocional o mental, entonces empieza la transformación.
-¿Cómo crees que estará la humanidad dentro de 50 años?
Yo lo veo de este modo: Las cosas están empeorando y mejorando al mismo tiempo. Hay dos corrientes: la corriente inconsciente que desde miles de años ha sido la corriente dominante y se sigue haciendo cada vez más demente y creando cada vez más destrucción; al mismo tiempo está emergiendo la corriente de la consciencia nueva, no condicionada, espiritual. La pregunta es: ¿Hasta qué punto va a seguir el movimiento de la corriente inconsciente? Sin duda va a tener un efecto cada vez más destructivo en el planeta pero al mismo tiempo se está desarrollando la consciencia nueva. Nadie sabe, ni yo tampoco lo sé, si la humanidad se está separando en dos especies diferentes. Es una posibilidad, que una parte de la humanidad no entre en la nueva conciencia y otra sí, entonces se hace una separación como dos especies diferentes. Otra posibilidad es que al mismo tiempo que hay cada vez más destrucción, la consciencia que está despertando llegue a un punto crítico y cuando lo alcance, los inconscientes se vean arrastrados a la conciencia también. Es muy posible que si encuentran destrucción y sufrimiento que ellos han generado, sean arrastrados a la consciencia nueva. Yo veo esas dos posibilidades pero como no soy clarividente, no sé lo que va a pasar. Aunque no creo que la vieja consciencia destructiva vaya a ser la dominante porque cada vez hay más gente que está despertando.
-¿Crees que existe un plan para la evolución de la consciencia o es algo que se va definiendo sobre la marcha?
Las dos cosas. Hay una meta hacia dónde va el universo. Hay un impulso evolutivo y está yendo hacía un punto. En ese sentido creo que hay un plan, pero todos los detalles se desarrollan espontáneamente. Hay un plan muy grande que nunca nadie sería capaz de entender a través del pensamiento. A veces yo siento lo que es pero nunca podría expresarlo.
-¿Cómo es un día ordinario en tu vida?
Muy simple. Yo pienso relativamente poco. En la vida diaria, si estoy con una persona, la escucho hasta que las palabras surjan, o si estoy en la calle comprando también tengo pocos pensamientos y reacciones. Las situaciones son como son. La vida es muy simple. Muy pocas veces pienso en el pasado y la atención está en la simplicidad. El momento presente siempre es bastante simple porque es solamente eso. La consciencia está en la simplicidad del momento presente. Hay paz incluso si algo no va bien. No llevo encima una identidad. Por ejemplo, en la enseñanza espiritual, la gente me llama maestro espiritual y ellos piensan que es mi identidad pero yo lo veo simplemente como una función. Cuando estoy con un grupo de personas y estoy hablando, entonces soy el maestro espiritual, pero en el momento en que salgo de la sala dejo de ser el maestro espiritual inmediatamente y solamente hay una consciencia abierta que no lleva una imagen de quien soy. Porque cada imagen que llevas te va a conducir al sufrimiento. Voy por la calle sin ser nadie en particular, simplemente un espacio consciente. Das un paseo no como una persona sino como un espacio consciente, o estás tomando un café no como una persona, pensando en tu historia personal, simplemente como un espacio consciente, sin llevar las constantes definiciones de quien soy o hablándome de mi vida con esa voz interior que me cuenta cosas de mi vida: “no estoy contento con mi vida” o cosas así que son cuentos, pensamientos. (risas) Estas complicaciones, afortunadamente, no las tengo. (risas).
-Es curioso que tu nombre Eckhart, sea el mismo que el de un mistico alemán de la Edad Media llamado Meister Eckhart ¿Coincidencia?
El nombre que me pusieron al nacer no era Eckhart. Durante un tiempo soñaba con unos libros. Sabía que yo había escrito esos libros, pero cuando los miraba tenían escritos en la portada el nombre de Eckhart pero a pesar de eso sabía que yo había escrito estos libros. Unos días más tarde estaba andando por la calle, y un amigo me saludó y me llamó Eckhart, entonces me dijo, no sé, es la palabra que me ha salido de la boca. Esto sucedió en la época de mi transformación espiritual, y mi nombre antiguo ya no tenía vida. Fue la señal de que era el tiempo de cambiar, la vida me dio esas dos señales para hacerlo.
Friday, July 8, 2011
Cuestión de Actitud
Tú tienes el poder exactamente dentro de ti, exactamente donde estás, de retroceder la edad de tu cuerpo hasta la juventud y seguir viviendo más y más y más. ¿Cómo? Simplemente a través de tu actitud. Si no quieres que tu cuerpo envejezca y muera, cambia tu actitud. Deja que tu actitud diga que el cuerpo vivirá para siempre y así será. Suprime todas las cosas en tu vida que han reconocido el final de ella, y así ésta nunca tendrá fin. Nunca incluyas la palabra «viejo» en tu entendimiento del vocabulario; incluye «para siempre» en tu entendimiento. Cesa la celebración de tus cumpleaños, porque eso aún le da más credibilidad al proceso de envejecimiento. Si te complace reconocer tu nacimiento, hazlo, pero retrocede la cuenta de tus años y vuélvete más joven. Si no estás esperando tu muerte, nunca la conocerás. Vive siempre en el presente. Nunca aceptes otro futuro más que este ahora. Tu ahora será la eternidad si tú se lo permites ser. Nunca contemples cuánto tiempo vas a vivir, pues vivirás para siempre. Contempla la eternidad de tu cuerpo, y en eso se convertirá. Así de simple es.
Ramtha.
Ramtha.
Monday, June 27, 2011
SRI AUROBINDO “El Miedo a la Muerte y los cuatro métodos para Vencerlo
De una forma general, quizás el mayor de los obstáculos que impide el progreso del hombre sea el miedo, un miedo que tiene múltiples aspectos, multiforme contradictorio, ilógico, irracional, y con frecuencia irrazonable. De todos los miedos, el más sutil y el más tenaz es el miedo a la muerte. Tiene sus raíces profundas en el subconsciente, y no es fácil desalojarlo.
Está constituido, obviamente, de varios elementos entretejidos: el espíritu de conservación y el que se refiere a la autopreservación con el fin de asegurar la continuidad de la consciencia, el repliegue ante lo desconocido, la inquietud causada por lo inesperado y lo imprevisible, y quizás, detrás de todo esto, oculto en las profundidades de las células, el instinto de que la muerte no es inevitable, y que, si se cumplen ciertas condiciones, puede ser vencida; aunque, de hecho, el miedo en sí mismo es uno de los mayores obstáculos que hay que superar. Porque uno no puede vender lo que teme, y quien teme a la muerte ya ha sido vencido por ella.
¿Cómo sobreponerse a este miedo? Pueden ser utilizados varios métodos para este propósito. Pero ante todo, son necesarias unas cuantas nociones fundamentales para ayudarnos en nuestra empresa. El punto primero y el más importante es saber que la vida es una e inmortal; sólo las formas son incontables, fugaces y frágiles. Este conocimiento debe ser establecido en la mente de una forma cierta y permanente, y, en la medida de lo posible, uno debe identificar su consciencia con la vida eterna, que es independiente de toda forma, pero que se manifiesta en todas ellas. Esto aporta las bases psicológicas indispensables para hacer frente al problema, porque el problema permanece. Incluso si el ser interior está suficientemente iluminado como para estar por encima de todo temor, el miedo todavía permanece oculto en las células del cuerpo, oscuro, espontáneo, más allá del alcance de la razón, normalmente casi inconsciente. Es en estas oscuras profundidades donde uno puede descubrirlo, sujetarlo y arrojar sobre él la luz del conocimiento y de la certeza.
Entonces la vida no muere, sino que la forma se disuelve, y es a esta disolución a la que la consciencia física tiene terror. Y sin embargo, la forma está cambiando constantemente, no hay nada, en esencia, que evite este cambio progresivo del ser. Solamente este cambio progresivo podría hacer que la muerte ya no fuera inevitable, pero es muy difícil de realizar y exige condiciones que muy pocos son capaces de cumplir. Así pues, el método a seguir para superar el miedo a la muerte diferirá según la naturaleza del caso y estados de consciencia. Estos métodos pueden ser clasificados en cuatro tipos principales, aunque cada uno incluya un amplio número de variantes; a decir verdad, cada individuo debe desarrollar su propio sistema.
El primer método apela a la razón. Puede decirse que en el estado actual del mundo, la muerte es inevitable; todo cuerpo que ha nacido perecerá necesariamente en un momento u otro; en casi todos los casos la muerte llega cuando debe llegar; uno no puede adelantar ni retrasar su hora. Algunos que suspiran por ella puede que tengan que esperar mucho tiempo para obtenerla, y otros, que le tienen pavor, pueden ser golpeados súbitamente a pesar de todas las precauciones tomadas. Por lo tanto, la hora de la muerte parece inexorablemente fijada, salvo para un pequeño número de individuos que poseen poderes que la raza humana, en general, no dispone. La razón nos enseña que es absurdo temer algo que uno no puede evitar. Lo único que hay que hacer es aceptar la idea de la muerte, y tranquilamente, hacer lo mejor que uno pueda, día a día, hora a hora, sin preocuparse de lo que vaya a ocurrir. Este procedimiento es muy efectivo cuando es utilizado por intelectuales que están acostumbrados a actuar según las leyes de la razón; pero tendría menos éxito entre la gente emotiva que vive de sus sentimientos y se deja gobernar por ellos. Sin duda, esta gente tendrá que recurrir al segundo método, el método de la búsqueda interior. Más allá de todas las emociones, en las profundidades silenciosas y tranquilas de nuestro ser, hay una luz que brilla constantemente, la luz de la consciencia psíquica. Ve a la búsqueda de esta luz, concéntrate en ella, pues está dentro de ti; con voluntad perseverante, ten la seguridad de que la encontrarás. Y tan pronto como entres en ella despertarás al sentimiento de inmortalidad. Has vivido siempre; vivirás siempre; llegas a ser completamente independiente de tu cuerpo; tu existencia consciente no depende de él; y este cuerpo es solo una de las formas transitorias, a través de la cual tú te has manifestado. La muerte no es ya una extinción, es sólo una transición. Todo temor se desvanece instantáneamente, y uno camina a través de la vida con la certeza tranquila del hombre libre.
El tercer método es para aquellos que tienen fe en un Dios, su Dios, y que se han entregado a El. Ellos le pertenecen íntegramente; todos los acontecimientos de sus vidas son una expresión de la voluntad divina, y ellos los aceptan, no simplemente con una sumisión paciente sino con gratitud, porque están convencidos de que cualquier cosa que les ocurra es siempre por su propio bien. Tienen una confianza mística en su Dios y en sus relaciones personales con El. Han hecho una ofrenda absoluta de su voluntad a la Suya y sienten su invariable amor y protección, completamente independiente de los accidentes de la vida y de la muerte Tienen la experiencia constante de yacer a los pies de su Amado en un abandono absoluto, o de estar mecidos en sus brazos y gozando de un perfecta seguridad. No queda ya ningún espacio en su consciencia para el temor, la ansiedad o el tormento; todo eso ha sido reemplazado por una felicidad deliciosa y tranquila. Pero no todo el mundo tiene la buena fortuna de ser un místico. Finalmente están aquellos que han nacido guerreros. Estos no pueden aceptar la vida tal como es, y sienten vibrar dentro de ellos su derecho a la inmortalidad, una inmortalidad total y terrena. Poseen una especie de conocimiento intuitivo de que la muerte no es nada sino un hábito perverso; parece que han nacido con la resolución de vencerla. Pero esta conquista acarrea un combate encarnizado contra un ejército de fieros y sutiles asaltantes, un combate que debe ser librado constantemente, casi a cada momento. Solamente quien tenga un espíritu indomable debe intentarlo. La batalla tiene muchos frentes; es librado en varios planos que se entremezclan y complementan entre sí.
La primera batalla a librar es ya formidable: es la batalla mental contra una sugestión colectiva, que es masiva, abrumadora, apremiante; una sugestión basada en milenios de experiencia, en una ley de la naturaleza que no parece que todavía haya encontrado alguna excepción. Se traduce en esta aserción obstinada: “Ha sido siempre así, y no puede ser en modo alguno diferente; la muerte es inevitable, y es una locura esperar que no sea.” El concierto es unánime, y por ahora, incluso los científicos más avanzados apenas han osado hacer oír una nota discordante, una esperanza para el futuro. En cuanto a las religiones, la mayoría de ellas ha basado su poder de acción en el hecho de la muerte y afirman que Dios desea que el hombre muera, ya que lo creó mortal. Muchas de ellas hacen de la muerte una concesión, una liberación; algunas veces incluso una recompensa. Su orden es: sométete a la voluntad del Supremo, acepta sin rebeldía la idea de la muerte y tendrás paz y alegría”. A pesar de todo esto, es preciso que la mente permanezca inquebrantable en su convicción para conservar una voluntad inflexible. Pero para quien ha resuelto vencer a la muerte, todas estas sugestiones quedan sin efecto y no pueden afectar a su certeza de que está basada en una revelación profunda.
La segunda batalla es la batalla de los sentimientos, la lucha contra el apego a todo lo que uno ha creado, a todo lo que uno ha amado. Mediante una labor asidua, algunas veces a costa de grandes esfuerzos, has levantado tu hogar, una carrera, un trabajo social, literario, artístico, científico o político; has formado un ambiente del que tú eres el centro y del que dependes al menos tanto como él depende de ti. Estás rodeado de un grupo de gente, familiares, amigos, colaboradores, y cuando piensas en tu vida, ellos ocupan en tu pensamiento un espacio casi tan grande como tú mismo, hasta el punto de que si ellos fueran arrancados bruscamente de ti, te sentirías perdido, como si una parte importante de tu ser hubiera desaparecido.
No es cuestión de desdeñar todas estas cosas ya que han constituido, al menos en gran parte, la razón de ser el fin de nuestra existencia. Pero hay que renunciar a todo apego a ellas, para que te sientas capaz de vivir sin ellas, o, más bien, con el fin de que puedas estar preparado en todo momento, si te abandonan, a reconstruir por ti mismo una nueva vida, en circunstancias nuevas; y esto indefinidamente, porque tal es la consecuencia de la inmortalidad. Este estado puede definirse de este modo: ser capaz de organizar y de llevar a cabo todo con el máximo cuidado y atención, pero permaneciendo libre de todo deseo y de todo apego, porque si uno desea escapar de la muerte es necesario que no esté atado a nada perecedero.
Después de los sentimientos llegan las sensaciones. Aquí la lucha es sin piedad, y los adversarios temibles. Saben percibir la más insignificante debilidad y golpearte allí donde está indefenso. Las victorias obtenidas no son más que pasajeras, y las mismas batallas se repiten indefinidamente. El enemigo que tú pensabas que habías derrotado vuelve una y otra vez para atacarte. Es preciso que tengan un carácter fuertemente templado, una resistencia incansable para ser capaz de resistir toda derrota, todo desaire, todo repudio, todo desánimo y la inmensa fatiga de encontrarte siempre en contradicción con la fatiga de encontrarte siempre en contradicción con la experiencia de cada día y los acontecimientos terrestres.
Ahora llegamos a la batalla más terrible de todas: la batalla física, la que se libra en el cuerpo; porque no hay ni respiro ni tregua. Comienza al nacer y no puede finalizar más que con la derrota de uno de los dos contendientes: la fuerza de la transformación y la fuerza de la desintegración. Y digo desde el nacimiento porque, de hecho, los dos movimientos están en conflicto desde el mismo momento que uno llega a este mundo, si bien el conflicto sólo se hace consciente y deliberado mucho más tarde. Porque toda indisposición, toda enfermedad, toda malformación, incluso todo accidente, son el resultado de la acción de la fuerza desintegradora, del mismo modo que el crecimiento, el desarrollo armonioso, la resistencia a los ataques, la recuperación en la enfermedad, toda vuelta al funcionamiento normal, toda mejora progresiva, son debidos a la acción de la fuerza transformadora. Después, con el desarrollo de la consciencia, cuando comienza a intervenir la voluntad en la batalla, se transforma en una competición desesperada entre las dos tendencias opuestas y rivales, una competición para ver cuál de ellas alcanzará su meta en primer lugar: la transformación o la muerte. Esto significa un esfuerzo incesante, una constante concentración para hacer descender la fuerza regeneradora y aumentar la receptividad de las células a esta fuerza, para combatir paso a paso, de punto a punto, contra la acción devastadora de las fuerzas de destrucción y degradación, para arrancar de su influencia todo lo que sea capaz de responder al impulso ascendente, para iluminar, purificar y estabilizar.
Es una lucha obstinada y oscura, la mayor parte de las veces sin aparentes resultados o señales externas de las victorias parciales ganadas y de las que nunca se puede tener certeza, porque el trabajo que se ha hecho parece siempre que necesita ser rehecho; cada paso hacia adelante es pagado con mucha frecuencia, con un retroceso en otra parte, y lo que se ha realizado un día, puede ser segura y duradera sólo cuando es absoluta. Y todo esto lleva tiempo, mucho tiempo, y los años pasan inexorables, creciendo el poder de las fuerzas adversas.
Durante todo este tiempo, la consciencia permanece como un centinela en la trinchera; hay que conservarla, conservarla a toda costa, sin un sobresalto de temor, sin bajar la guardia, manteniendo una inquebrantable fe en la misión a realizar y en la ayuda de lo alto que te inspira y te sostiene. Porque la victoria será para el más paciente.
Existe todavía otro medio de vencer el miedo a la muerte, pero está al alcance de tan pocos, que no se menciona aquí más que como materia de información. Se trata de entrar en el dominio de la muerte de forma deliberada y consciente, mientras uno está todavía en vida, y después retornar de esta región y volver a entrar en el cuerpo físico y reasumir el curso de la existencia material con pleno conocimiento. Pero para esto es preciso ser un iniciado.
Bulletin, Febrero 1954
Wednesday, June 15, 2011
Eclipse total de luna
Este próximo 15 de junio de 2011 ocurrirá un largo eclipse lunar que podrá ser apreciado desde ciertas regiones de Asia, África, Sudamérica, Europa y Australia.
Este próximo miércoles 15 de junio una buena parte de la población mundial tendrá acceso a un majestuoso espectáculo: un largo eclipse total de luna. Pero además de lo que representa en sí un eclipse total de luna, los astrónomos afirman que será uno de los más oscuros de la historia, lo cual intensificará la riqueza visual de este fenómeno (cuya intensidad ha sido calculada por los astrónomos en 1,700).
Al parecer los mejores lugares para apreciar el fenómenos serán la zona sur del continente asiático, el este de Europa y, en especial, el noreste de África. Sin embargo, los habitantes del resto de Europa, así como de Sudamérica y el oeste africano también podrán deleitarse con este acontecimiento, solo que ellos deberán estar atentos a la luna cuando ésta se encuentre despertando, es decir, momentos previos a que anochezca.
A nuestros afortunados lectores de España, Argentina, Chile, Colombia, Venezuela y otros países de Sudamérica (en Centro y Norteamérica no será visible debido a que cuando el eclipse ocurra será de día en dichas latitudes) que podrán disfrutar de este memorable espectáculo lunar, les recomendamos mirar en dirección al este-sureste, en donde se podrá apreciar el proceso astronómico a lo largo de aproximadamente siete horas —desde el primer contacto con la penumbra hasta el contacto final. Recuerden que no será necesario utilizar un telescopio ya que el fenómeno podrá apreciarse a simple vista. Sin embargo, sí les recomendamos que traten de alejarse de la contaminación lumínica de sus respectivas ciudades tanto como sea posible para intensificar visualmente el eclipse.
Este próximo miércoles 15 de junio una buena parte de la población mundial tendrá acceso a un majestuoso espectáculo: un largo eclipse total de luna. Pero además de lo que representa en sí un eclipse total de luna, los astrónomos afirman que será uno de los más oscuros de la historia, lo cual intensificará la riqueza visual de este fenómeno (cuya intensidad ha sido calculada por los astrónomos en 1,700).
Al parecer los mejores lugares para apreciar el fenómenos serán la zona sur del continente asiático, el este de Europa y, en especial, el noreste de África. Sin embargo, los habitantes del resto de Europa, así como de Sudamérica y el oeste africano también podrán deleitarse con este acontecimiento, solo que ellos deberán estar atentos a la luna cuando ésta se encuentre despertando, es decir, momentos previos a que anochezca.
A nuestros afortunados lectores de España, Argentina, Chile, Colombia, Venezuela y otros países de Sudamérica (en Centro y Norteamérica no será visible debido a que cuando el eclipse ocurra será de día en dichas latitudes) que podrán disfrutar de este memorable espectáculo lunar, les recomendamos mirar en dirección al este-sureste, en donde se podrá apreciar el proceso astronómico a lo largo de aproximadamente siete horas —desde el primer contacto con la penumbra hasta el contacto final. Recuerden que no será necesario utilizar un telescopio ya que el fenómeno podrá apreciarse a simple vista. Sin embargo, sí les recomendamos que traten de alejarse de la contaminación lumínica de sus respectivas ciudades tanto como sea posible para intensificar visualmente el eclipse.
Monday, June 6, 2011
Del Miedo al Amor
Muy interesante
“Antes de que pueda surgir una relación sana entre dos personas que han estado unidas por una variedad de distorsiones mutuas, puede surgir una tormenta interior o exterior que cumpla la misma función de reequilibrio que una tormenta eléctrica o un temblor en el ámbito de la naturaleza.” del libro: “Del miedo al Amor”(*)

Imagen: Mother Earth, © Allison Killa.
Formamos parte de la Tierra, somos con ella una Unidad. En ocasiones el cuerpo físico se manifiesta enfermo en consecuencia de un proceso interno insano, como agresividad no reconocida, egoísmo, heridas irresueltas, sentimientos reprimidos, miedo a vivir los cambios, soledad interior, etc. Y aunque no lo veamos, todo tiene su repercusión en la Tierra.
Lo que vemos y utilizamos para nuestro beneficio es el Cuerpo Físico de la Tierra, sus elementos: el mundo mineral, vegetal, agua y fuego. ¿Y cuál es la parte de la tierra con la cual convivimos también, pero que no percibimos como una realidad concreta, como si percibimos lo anterior nombrado?
La tierra, sólo como un cuerpo físico, se encuentra limitada en su evolución espiritual. Nosotros, sólo existiendo desde el mundo físico, también nos encontramos limitados. Lo que no percibimos, y comienza aparecer como una realidad es que nuestras capacidad espirituales están unidas a las capacidades espirituales del Ser Tierra.
Así como somos seres físicos, en nosotros existen además infinitas capacidades por expresar, y es aquí donde la Tierra tiene su máximo potencial: En nosotros como Seres Espirituales.
Nuestra evolución espiritual es la evolución espiritual de la Tierra.
Podemos sentir, reflexionar, percibir, intuir, y con todo esto podemos hacer algo. Tenemos la capacidad que ningún otro ser físico sobre la tierra posee: Transformar, plasmar, concretar. Este es nuestro máximo poder.
Un animal tiene emoción e instinto. Tan sólo hace, movido por sus emociones más básicas, que no son buenas ni son malas, simplemente son. No tiene la capacidad de pensar o intuir acerca de las consecuencias de sus actos, el animal hace lo que tiene que hacer dentro de su escala evolutiva. Sin embargo el Hombre siente, piensa, tiene instinto, tiene intuición, y puede detenerse y ver qué hace con ello. A esto le llamamos Conciencia. La Conciencia es el mayor potencial del Ser humano como Ser Espiritual. El Hombre puede decidir concientemente cambiar la realidad en el sentido que se lo proponga. Podemos cuidar y sanar, pero también podemos dañar y enfermar. Y cuando dañamos, he aquí algo fundamental que no vemos aun: Así como cuando tomamos nuestro poder espiritual y nos hacemos responsables de él, estamos llevando a la Tierra a una escala de mayor Evolución, cuando no somos íntegros, benevolentes, compasivos, altruistas, es en la Tierra donde también repercute.
Cuando el egoísmo es el que nos guía, cuando el dolor interno nos enferma el cuerpo, cuando la sed espiritual no es escuchada, cuando por miedo a conocernos verdaderamente no nos permitimos cambiar y continuamos repitiendo estructuras caducas, cuando nos ahogamos por dentro, cuando estallamos como un volcán fuera de control, cuando el fuego de lo queremos hacer y no hacemos nos quema, cuando somos pobres en el dar, cuando nos volvemos mezquinos y secos, cuando el recurrente rencor y resentimiento se transforma en una guerra contra el otro, cuando nuestra rigidez es tal, que nuestro cuerpo nos duele, y solo un temblor involuntario nos libera, cuando nuestras emociones, nuestra agua interior no están calmas, y se sacuden contra las orillas de nuestros ojos y la angustia desnuda un profundo dolor, cuando nuestra vida se vuelve hueca, llana y sin sentido, nuestro cuerpo enferma, clama y reclama. No acepta la infelicidad.
Somos más de 6800 millones de personas las que habitamos este Ser Tierra. Si cada ser que la habita en algún lugar siente este caos interior ¿puede la Tierra ser indiferente? ¿Podría no percibir nada y sus aguas seguir en armonía, sus vientos en calma, y en quietud su centro? Si nos consideramos como entes separados que ninguna relación tenemos uno con otro, que tan solo existimos al azar, y entre cada uno de nosotros solo hay vacío, podríamos pensar que la tierra no tiene nada que ver con nosotros y que tan solo nuestra relación con ella es funcional. Pero hablar de esto en esta época, es casi como decir que la tierra es cuadrada. Terremotos y temblores, tsunamis, violentas tormentas, desprendimiento de icebergs, deslaves, sequías, inundaciones, huracanes y tifones nos pueden estar indicando esta realidad.
“Nuestra civilización entera se ha basado en dos falsas suposiciones centrales que aún son enseñadas en nuestras escuelas hoy. La primera suposición falsa es que el espacio entre las cosas está vacío. Nosotros decimos, “Que el noventa y seis por ciento del universo es espacio vacío”. Lo que importa, o se podría decir la materia – es como máximo cuatro por ciento. La segunda suposición falsa es que nuestra experiencia interna – nuestro pensamiento, sentimiento, emoción y creencia- no tienen efecto en nuestro mundo más allá de nuestros cuerpos. Ambas de estas suposiciones han sido probadas absolutamente falsas. Eso no es teoría, es un hecho científico, documentado en revistas científicas. No solo ha ido a nuestras escuelas y libros de texto universitarios.” Ver más en: Llevando a la Humanidad a una Encrucijada: Entrevista a Gregg Braden
Ahora es importante aclarar que la búsqueda no es que el ser humano se sienta “culpable” del caos, sino Conciente de la interconexión que existe entre Todo lo que Es, y responsable de lo que emite en su diario vivir.
Mucho está sucediendo, y lo estamos viendo. Pero mucho también está sucediendo, y no lo estamos viendo. Hoy muchas personas se encuentran replanteando su vida, su rumbo, muchas parejas se rompen, muchas parejas renacen, muchas personas definen su vida, muchos deciden cambiar de área de trabajo, o el lugar en donde viven. Muchos seres están sintiéndose profundamente llamados a encontrarle Sentido a lo que Hacen, y esto es lo que está y no vemos, pero repercute en nuestra vida diaria. Nos moviliza en todos los aspectos en los que existimos.
¿Estamos presenciando algún final? ¿Estamos presenciando algún comienzo? Estas preguntas hacen eco en nuestro interior.
No importa saber la respuesta si estamos haciendo lo que tenemos que hacer. Si estamos despiertos, si somos concientes de nuestra valiosa vida.
Un refugio, un refugio interior es lo que más necesitamos encontrar en definitiva. Un lugar en nosotros mismos donde hallar la paz, donde colaborar con la tranquilidad. No hay miedo que tener, somos hijos de la Tierra, pequeños Ángeles encarnados. Solo debemos reconocerlo, hacernos cargo con humildad de nuestro poder. Hacernos cargo también de la parte nuestra que está desconectada de esta fuente, y se alimenta diariamente de ira, rencor, egoísmo, resentimiento, miedo, dolor.
Podemos hacer un trabajo de reconocer todo lo que somos, lo podemos hacer de forma armoniosa y amorosa con nosotros mismos y con el entorno.
Somos la Raza Humana, una raza con infinitas capacidades, ¿vamos a seguir creyendo que hemos venido a crecer, estudiar, trabajar, tener cosas, formar una familia y morir?
Nada de esto es negativo, crecer, estudiar, trabajar, tener cosas, formar una familia y morir, todo esto puede ser nuestro mayor canal de Luz y Transformación, pero cuando la vida se hace monótona, opaca y limitada, vivimos como si fuera que tenemos la obligación de hacerlo. Sobrevivimos, y más aun, tristemente a veces vivimos evitando vivir.
Lo que más importa no son las cosas que alcanzamos o que tenemos, sino nuestra relación con ellas.
No más de lo viejo. Esto nos está diciendo la Tierra: “Seres amados ¡no desperdicien su vida! Amen, amen conmigo. Expandan su potencial, lleven a la Luz a sus Hijos. Hagan brillar sus ojos de felicidad y sean mensajeros de lo Nuevo! Ustedes lo hacen por mí. Yo les ofrezco mi morada, hagamos juntos esta labor, hagamos de la existencia un Paraíso.”
Nota del editor: Muy sincrónicamente esto fue escrito antes de ver y conocer el video-entrevista de Gregg Braden titulado "La Ciencia de los Milagros". Recomendamos ver dichos videos ya que son totalmente complementarios a este contenido e incluso lo validan con experimentos científicos concretos.
Imagen: Mother Earth, © Allison Killa.
Formamos parte de la Tierra, somos con ella una Unidad. En ocasiones el cuerpo físico se manifiesta enfermo en consecuencia de un proceso interno insano, como agresividad no reconocida, egoísmo, heridas irresueltas, sentimientos reprimidos, miedo a vivir los cambios, soledad interior, etc. Y aunque no lo veamos, todo tiene su repercusión en la Tierra.
Lo que vemos y utilizamos para nuestro beneficio es el Cuerpo Físico de la Tierra, sus elementos: el mundo mineral, vegetal, agua y fuego. ¿Y cuál es la parte de la tierra con la cual convivimos también, pero que no percibimos como una realidad concreta, como si percibimos lo anterior nombrado?
La tierra, sólo como un cuerpo físico, se encuentra limitada en su evolución espiritual. Nosotros, sólo existiendo desde el mundo físico, también nos encontramos limitados. Lo que no percibimos, y comienza aparecer como una realidad es que nuestras capacidad espirituales están unidas a las capacidades espirituales del Ser Tierra.
Así como somos seres físicos, en nosotros existen además infinitas capacidades por expresar, y es aquí donde la Tierra tiene su máximo potencial: En nosotros como Seres Espirituales.
Nuestra evolución espiritual es la evolución espiritual de la Tierra.
Podemos sentir, reflexionar, percibir, intuir, y con todo esto podemos hacer algo. Tenemos la capacidad que ningún otro ser físico sobre la tierra posee: Transformar, plasmar, concretar. Este es nuestro máximo poder.
Un animal tiene emoción e instinto. Tan sólo hace, movido por sus emociones más básicas, que no son buenas ni son malas, simplemente son. No tiene la capacidad de pensar o intuir acerca de las consecuencias de sus actos, el animal hace lo que tiene que hacer dentro de su escala evolutiva. Sin embargo el Hombre siente, piensa, tiene instinto, tiene intuición, y puede detenerse y ver qué hace con ello. A esto le llamamos Conciencia. La Conciencia es el mayor potencial del Ser humano como Ser Espiritual. El Hombre puede decidir concientemente cambiar la realidad en el sentido que se lo proponga. Podemos cuidar y sanar, pero también podemos dañar y enfermar. Y cuando dañamos, he aquí algo fundamental que no vemos aun: Así como cuando tomamos nuestro poder espiritual y nos hacemos responsables de él, estamos llevando a la Tierra a una escala de mayor Evolución, cuando no somos íntegros, benevolentes, compasivos, altruistas, es en la Tierra donde también repercute.
Cuando el egoísmo es el que nos guía, cuando el dolor interno nos enferma el cuerpo, cuando la sed espiritual no es escuchada, cuando por miedo a conocernos verdaderamente no nos permitimos cambiar y continuamos repitiendo estructuras caducas, cuando nos ahogamos por dentro, cuando estallamos como un volcán fuera de control, cuando el fuego de lo queremos hacer y no hacemos nos quema, cuando somos pobres en el dar, cuando nos volvemos mezquinos y secos, cuando el recurrente rencor y resentimiento se transforma en una guerra contra el otro, cuando nuestra rigidez es tal, que nuestro cuerpo nos duele, y solo un temblor involuntario nos libera, cuando nuestras emociones, nuestra agua interior no están calmas, y se sacuden contra las orillas de nuestros ojos y la angustia desnuda un profundo dolor, cuando nuestra vida se vuelve hueca, llana y sin sentido, nuestro cuerpo enferma, clama y reclama. No acepta la infelicidad.
Somos más de 6800 millones de personas las que habitamos este Ser Tierra. Si cada ser que la habita en algún lugar siente este caos interior ¿puede la Tierra ser indiferente? ¿Podría no percibir nada y sus aguas seguir en armonía, sus vientos en calma, y en quietud su centro? Si nos consideramos como entes separados que ninguna relación tenemos uno con otro, que tan solo existimos al azar, y entre cada uno de nosotros solo hay vacío, podríamos pensar que la tierra no tiene nada que ver con nosotros y que tan solo nuestra relación con ella es funcional. Pero hablar de esto en esta época, es casi como decir que la tierra es cuadrada. Terremotos y temblores, tsunamis, violentas tormentas, desprendimiento de icebergs, deslaves, sequías, inundaciones, huracanes y tifones nos pueden estar indicando esta realidad.
“Nuestra civilización entera se ha basado en dos falsas suposiciones centrales que aún son enseñadas en nuestras escuelas hoy. La primera suposición falsa es que el espacio entre las cosas está vacío. Nosotros decimos, “Que el noventa y seis por ciento del universo es espacio vacío”. Lo que importa, o se podría decir la materia – es como máximo cuatro por ciento. La segunda suposición falsa es que nuestra experiencia interna – nuestro pensamiento, sentimiento, emoción y creencia- no tienen efecto en nuestro mundo más allá de nuestros cuerpos. Ambas de estas suposiciones han sido probadas absolutamente falsas. Eso no es teoría, es un hecho científico, documentado en revistas científicas. No solo ha ido a nuestras escuelas y libros de texto universitarios.” Ver más en: Llevando a la Humanidad a una Encrucijada: Entrevista a Gregg Braden
Ahora es importante aclarar que la búsqueda no es que el ser humano se sienta “culpable” del caos, sino Conciente de la interconexión que existe entre Todo lo que Es, y responsable de lo que emite en su diario vivir.
Mucho está sucediendo, y lo estamos viendo. Pero mucho también está sucediendo, y no lo estamos viendo. Hoy muchas personas se encuentran replanteando su vida, su rumbo, muchas parejas se rompen, muchas parejas renacen, muchas personas definen su vida, muchos deciden cambiar de área de trabajo, o el lugar en donde viven. Muchos seres están sintiéndose profundamente llamados a encontrarle Sentido a lo que Hacen, y esto es lo que está y no vemos, pero repercute en nuestra vida diaria. Nos moviliza en todos los aspectos en los que existimos.
¿Estamos presenciando algún final? ¿Estamos presenciando algún comienzo? Estas preguntas hacen eco en nuestro interior.
No importa saber la respuesta si estamos haciendo lo que tenemos que hacer. Si estamos despiertos, si somos concientes de nuestra valiosa vida.
Un refugio, un refugio interior es lo que más necesitamos encontrar en definitiva. Un lugar en nosotros mismos donde hallar la paz, donde colaborar con la tranquilidad. No hay miedo que tener, somos hijos de la Tierra, pequeños Ángeles encarnados. Solo debemos reconocerlo, hacernos cargo con humildad de nuestro poder. Hacernos cargo también de la parte nuestra que está desconectada de esta fuente, y se alimenta diariamente de ira, rencor, egoísmo, resentimiento, miedo, dolor.
Podemos hacer un trabajo de reconocer todo lo que somos, lo podemos hacer de forma armoniosa y amorosa con nosotros mismos y con el entorno.
Somos la Raza Humana, una raza con infinitas capacidades, ¿vamos a seguir creyendo que hemos venido a crecer, estudiar, trabajar, tener cosas, formar una familia y morir?
Nada de esto es negativo, crecer, estudiar, trabajar, tener cosas, formar una familia y morir, todo esto puede ser nuestro mayor canal de Luz y Transformación, pero cuando la vida se hace monótona, opaca y limitada, vivimos como si fuera que tenemos la obligación de hacerlo. Sobrevivimos, y más aun, tristemente a veces vivimos evitando vivir.
Lo que más importa no son las cosas que alcanzamos o que tenemos, sino nuestra relación con ellas.
No más de lo viejo. Esto nos está diciendo la Tierra: “Seres amados ¡no desperdicien su vida! Amen, amen conmigo. Expandan su potencial, lleven a la Luz a sus Hijos. Hagan brillar sus ojos de felicidad y sean mensajeros de lo Nuevo! Ustedes lo hacen por mí. Yo les ofrezco mi morada, hagamos juntos esta labor, hagamos de la existencia un Paraíso.”
Nota del editor: Muy sincrónicamente esto fue escrito antes de ver y conocer el video-entrevista de Gregg Braden titulado "La Ciencia de los Milagros". Recomendamos ver dichos videos ya que son totalmente complementarios a este contenido e incluso lo validan con experimentos científicos concretos.
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